Un hormiguero en Oviedo

Cuando terminó la noche salió del aparcamiento. No tenía coche, ni siquiera carnet, pero estaba saliendo del subsuelo. 

¿Qué se puede hacer bajo tierra?

Probablemente se pueda hacer de todo y contabiliza como nada. El espacio subterráneo de un aparcadoiro protege de miradas, esquiva normas escritas y favorece una libertad de acción casi plena. Casi plena, siempre y cuando no te cruces con los búhos de uniforme que tienen por placer regentarlos.

Qué buena acústica tienen estos espacios. Lugares donde si te prestan un maletero te pasas la jornada nocturna escuchando cualquier suave melodía. 

Qué buena luz tienen estos espacios. Lugares donde hasta el más reflectante puede esconderse y jugar a ser sombra por un rato, mientras trama con sus secuaces cualquier peripecia.

Estos ataúdes que atraen el recuerdo de una situación cautivadora de claustrofobia. De esas en el que el corazón te va a salir por la garganta y que con fortuna, sale a compartir experiencias con aquellos otros órganos privilegiados de encontrarse.

De víscera en boca. 

El ticket, si es que lo coges, favorece tu anonimato. Ser la matrícula de un objeto. Ser una secuencia numérica. Ser lo que tengas que ser en la parte trasera de cuatro ruedas. Qué dulce sabe la oscuridad rota por unas luces cortas. 

En un aparcamiento bailan las sobras. Tus inseguridades bailan con otras desconocidas que se acercan sin cuestionar. La corporeidad de las sombras entremezcladas con el ceniza evanescente, con la oscuridad, casi fundidas. Casi.

La sombra que deja de serlo para ser muro. Un movimiento constante de imágenes variables según la experiencia de cada murciélago. 

En un aparcamiento se respira con bombona. Un aire pesado y denso, ese olor a gasolina por el pequeño pipí del coche viejo de la esquina. Esos odores irreconocibles al aire libre que en el subterráneo son invasivos y cautivadores. 

En fin. Cada cual que use los hormigueros automovilísticos para lo que necesite. Para su beneficio mental. La ciudad instantánea favorece estos espacios. Espacios multiculturales que crean una rave cartográfica en el subsuelo de la ciudad. 

Bajé y me quedé ciego

Mirar puede valer la pena

Ver no tanto.

Para que queremos el sol

Hormigueemos hacia el subsuelo

Actuemos en común.

Arrástrate y no respires

Disfruta de la sombra

Cuidado que viene el búho.

Un parking es 

Un Parking

Nada más que eso.